lunes, 31 de octubre de 2011

Sencillo es para la gente decir lo que tenes que hacer en la vida, total ellos no sufren las consecuencias. Claro que cuando éramos niños teníamos que hacer lo que nos dijeran, tan solo por el hecho de ser niños. Pero ahora, cumpliendo mis 17 años, creo que tengo la capacidad suficiente de decir que no quiero morir, y menos por alguien que no conozco. Mejor empiezo por el comienzo.

La primavera pasada, a los dos días de cumplir 16, mis padres decidieron que yo ya era lo suficientemente  grande para no seguir dependiendo tanto de ellos, así que me enviaron a un internado. Nunca me hubiera imaginado que a mis padres, las personas mas sobreprotectoras de la galaxia, se les hubiera ocurrido eso.  Esperaba que aquel internado fuera como los de los libros policiales que yo había leído. Me imaginaba a mí caminando por un jardín sin vida, entrando por una puerta con detector de metales, divagando por un pasillo lleno de miradas asesinas. La verdad, hubiera preferido el oscuro internado y no el rosa. En el estacionamiento de la entrada de un gran edificio blanco con detalles rosados nos esperaba una señora de no menos de 50 años con un traje blanco y una sonrisa que espantaría al mismo Hades.
- Buenos días, un gusto conocerlos Sr. y Sra. Simons – estrecho la mano de mi papa, luego la de mi mama y cuando yo levante mi mano hacia ella la bajo rápidamente – Vos debes ser Dianna…
- Si… soy yo – tenia ganas de decir: soy tu madre, pero no quería que la directora creyera que soy una rebelde o algo por el estilo.
- Pasen, les mostrare nuestra institución - Nos abrió la enorme puerta rosa.
    Al entrar el olor a vainilla casi hace que me descomponga. Mire a mi mama que también parecía que iba a vomitar. Había demasiado perfume en el ambiente. Todo era de los mismos colores del edificio, rosa y blanco, pero esta vez abundaba mas el rosa. ¿Pero que diablos pensaron mis papas en el momento de elegir este lugar para que pase el resto, de lo que queda, de la secundaria? ¿Estaban drogados acaso? Cuando la empusa nos dejara a solas mataría a mis padres.
- Esta es la dirección – señalo con uno de sus dedos largos y huesudos a una puerta alta de vidrio con una cortina, no hace falta decir de que colores. Al lado de la puerta se hallaba el cartel que señalaba que era la dirección. – allí dentro también se encuentra la secretaria.
 Seguimos caminando por el amplio pasillo y salimos a un patio de pasto verde, cortado a la perfección y llenos de flores de todos los colores. Nunca pude imaginarme que me alegraría tanto de ver colores diferentes.
- Estas son las aulas – señalo las puertas que rodeaban el enorme patio. – Y las de arriba son las habitaciones. Tu habitación querida, es la 8 – sonrió mostrando sus dientes perfectamente blancos. La imite y pensé cuantas operaciones habrá sufrido para conservarse. – Bueno niña, ve a tu dormitorio yo hablare con tus padres. – antes de irse deposito una llave en mi mano.
Y así, me dejaron sola en un lugar que no conocía. Recordé que mi habitación era la 8 así que subí la escalera y busque mi habitación. Mire el cartel con el numero 8 y desee con todas mis fuerzas que mis compañeras no fueran como la directora. Me quede unos segundos allí, parada como si hubiera un campo de fuerza que me impidiera entrar. La puerta se abrió y pegue un gritito.
- Puedo ayudarte en algo? – me pregunto una chica rubia de unos enormes ojos marrones.
- Em… no, lo siento. Esta es mi habitación – le mostré la llave. Me sonrió.
- Dianna, cierto? – Asentí. ¿Acaso la directora les había dado alguna ficha mía?- pasa.


Lo primero que vi en aquella gran habitación fue el enorme televisor pantalla plana, era realmente enorme. No era como el resto de la escuela, el cuarto era una mezcla entre lo tecnológico y lo antiguo y no había nada rosa.
- Chicas ella es Dianna – yo seguía maravillada por la pieza – yo me llamo Helen Rossi, pero decime Ro, no me gusta mi nombre- pareció mas una amenaza que una sugerencia.
Dos chicas pelirrojas se encontraban allí, una estaba acostada en una cama y la otra estaba leyendo un libro, lo bajo y me dejo ver su cara. Esta era algo redonda, ojos verdes, lentes y tenia el pelo lacio atrás de las orejas.
- Hola soy Emily, gusto en conocerte – miro a la otra chica y le arrojo un almohadón – Kelly.
La chica que la parecer se llamaba Kelly levanto su cabeza, se corrió el pelo enmarañado de la cara y pude ver una enorme sonrisa. Era igual a la otra chica solo que tenia ojos marrones. Se paro ágilmente, camino hacia mí y estrecho mi mano enérgicamente.
- Hola, me llamo Kelly. – me alegre mucho de que esas chicas fueran, algo así como normales. – ven, te mostrare la habitación.
 Deje mis maletas apoyadas contra la pared y la seguí por un pasillito.
- Me llamo dia-
- Nna, si lo se. Mira, acá esta el baño- abrió una puerta de madera y un lujoso baño apareció ante mi vista.
- Lindo – Ro se acerco a nosotras.
- Lo se ¿no tengo buen gusto? - Le sonreí  y asentí.
- Bueno… ya no hay más nada que mostrar. Las habitaciones solo vienen con baño y por supuesto dormitorios.
Tocaron la puerta y fuimos a ver quien era. Mis padres entraron rápidamente al verme.
- Querida ¿no es hermoso?
- Disculpen chicas… - tome a mis padres de los brazos y los lleve afuera- ¿Por qué me trajeron acá?
- Ya te lo dijimos mi cielo – dijo mi papa.
- Desde cuando soy “querida” y “cielo” ¿les lavo el cerebro la directora?
- No te vamos a ver en meses, merecemos tratarte así.
- Si tanto me van a extrañar no me dejen acá, se los ruego- trate de hacer mi mejor puchero.
- Hija, es por tu seguridad.
- Pero… ¿no era que me traían acá para independizarme?
- Es lo mismo- dijo mi mama, y la mire. La note triste, preocupada y nerviosa. – Perdón amor pero ya nos tenemos que ir, nos vemos dentro de unos meses. – Cada uno me dio un beso en la frente y se fueron caminando de la mano hacia la salida.

Las semanas pasaron y me fui adaptando a la idea de estar encerrada y sin padres, aunque la directora actuara como uno.  También me fui dando cuenta de que no parecía un colegio, ya que no le daban importancia a enseñarnos,  sino algo asi como una cárcel.
- ¡Ro!  - estuve a punto de tirarle todo lo que tenia a mano.
- ¿Si?  - aleluya, creí que se había quedado sorda.
- ¿Tenes idea de que había que hacer para historia?
- No ni idea – a veces me preguntaba como hacia para aprobar todo- pero no importa, esa profesora te perdona todo- y luego me acordaba de esto.
- Gracias por toda la información que me diste, sos de mucha ayuda.
- De nada, yo también te quiero – nuestras conversaciones solían ser así..
- Mejor le pregunto a Emily… ¿Dónde esta?
- En la biblioteca.
Aun me sorprendía el hecho de que teniendo esa educación pésima haya una biblioteca enorme, me parecía algo ridículo. Me puse unas botas y salí directo a la biblioteca. Cuando llegue la vi a Emily discutiendo con la bibliotecaria, una anciana que parecía tener mas años que la formación del planeta.
- Em- me acerque.
- Dianna ¿podes decirle a la señora que solo tuve el libro por una semana? – estaba que echaba chispas.
- No me interesa si viene Zeus a decirme que solo lo tuviste una semana, si la computadora dice que son dos son dos, y el castigo a eso es un año sin poder sacar libros.